
Homilía del 4º Domingo de Cuaresma, predicada por el P. André Delvaux. En esta reflexión, somos invitados a dejar que la luz de Cristo transforme nuestro corazón y nuestra vida. Cuando acogemos verdaderamente la presencia de Dios, nuestra vida comienza a reflejar esa luz que ilumina también a los demás. En medio de la oscuridad del mundo, el cristiano está llamado a ser testigo de la luz, viviendo el Evangelio con autenticidad y esperanza. Una profunda reflexión de Cuaresma que nos anima a dejarnos iluminar por Cristo para que nuestra vida brille e ilumine el mundo.